"No me imaginaba un dolor así"

Carlos Soria, desde el hospital en Katmandú: «Han sido los peores días de mi vida»

Carlos Soria descansa en el hospital en Katmandú a la espera de regresar a Madrid para ser operado por el doctor Manuel Leyes. Desde allí nos cuenta la difícil experiencia que ha vivido.


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Carlos Soria se encuentra en el hospital de Katmandú. Tiene dolor en la pierna y la cabeza tan lúcida como siempre. Su equipo (Isidoro San Justo en Katmandú y Luis Miguel Soriano desde Segovia) están realizando las gestiones para traerlo a Madrid donde le tratará el doctor Manuel Leyes –fue quien le implantó la prótesis de rodilla y se ha convertido en un gran amigo y admirador de Carlos Soria–.

Su compañero Sito Carcavilla sigue en el campo base. Estaba previsto que hoy volara a Katmandú, pero no ha sido posible por el tiempo. Espera conseguirlo mañana. Carlos quiere regresar a España con Sito, con quien ha compartido tantos momentos en montaña, como esta dura experiencia del accidente en el Dhaulagiri.

Esto es lo que nos contaba Carlos en la conversación que hemos tenido con él:

Ha sido mala suerte. Un imprevisto que no era cosa nuestra pero ha sido así. ¡Qué le vamos hacer! Ahora estamos intentando llegar a casa. A Sito no le han podido sacar aún del campo base. Han sido los peores días de mi vida bajando de ahí arriba hasta llegar al campo 2. 

«No me entraba en la cabeza que no pudiera venir un helicóptero a por mí»

A mí no me podía entrar en la cabeza que en los tiempos en que vivimos no pudiera venir un helicóptero a por mí. No podía ponerme de pie, tenía que bajar así: arrastrándome. El primer día sobre el traje de plumas. El segundo tuvimos una camilla de plástico. Ha sido un dolor y sufrimiento continuos, pero aquí estamos. 

El accidente ha sido en el peor sitio que podía ocurrir, en la gran travesía que hay sobre el campo 3.

No sé. No fue por la travesía, fue porque este chico se cayó una vez, no pasó nada, había mucha comba en la cuerda, y la segunda vez que cayó nos arrastró y quedamos sujetos por el jumar, que no lo alcanzábamos casi para subir… muy duro.

Al principio no me entraba en la cabeza que no pudiera venir un helicóptero a por mí. Hasta que me di cuenta de que la única manera era bajar, metro a metro, como fuera, para que hubiera más posibilidades, hasta el campo 2.

Rescate de Carlos Soria en el Dhaulagiri. 📷 @oswaldrp
Rescate de Carlos Soria en el Dhaulagiri. 📷 @oswaldrp

«Muy contento de haber hecho las cosas bien»

Muy contento de haber hecho las cosas bien porque nos ocurrió a las cinco de la mañana. Acababa de amanecer y había mucho tiempo por delante.

Tengo la boca quemada y la pierna rota. La boca quemada de respirar aire frío. Me quitaba la máscara de oxígeno porque me hacía mucho daño, por eso tengo la boca quemada. Me entró una deshidratación total. Todo eso no tiene importancia. Se curará.

«No me imaginaba resistir un dolor como este»

¿Mucho dolor en la pierna después la caída?
No te lo puedes imaginar. Incluso ahora que estoy en la cama de un hospital. Tiraban de mí con las piernas atadas, una y otra vez. Dejándome escurrir, baches para arriba, baches para abajo… y aquí estamos.

Y, además, en un lugar como la gran travesía en el que es lentísimo perder altura
No sé si estábamos en la travesía o un poco antes de la travesía, pero se tardaba en perder altura mucho. Y, además, intentaban llevarme a media ladera para que mi cuerpo fuera por las huellas por las que habíamos subido, pero no siempre era posible. Me escurría hacia abajo. Tiraban de los pies hacia arriba. No te puedes imaginar el dolor. Es imposible. Yo tampoco me imaginaba resistir un dolor como este, pero no había otra. Era lo que había que hacer.

«Tanto las condiciones nuestras como las de la montaña eran perfectas para alcanzar la cima»

La noche anterior dábamos casi por hecho que alcanzaríais la cima.
Nosotros también, que conseguíamos la cima con mucha fuerza, y que íbamos a bajar bien y rápido. Porque ha sido increíble, con todas las cosas que me han pasado en esta expedición, que tuviese la fuerza que tenía. El primer día subimos 1.600 metros de desnivel, el segundo fuimos muy rápido, delante de todo el mundo, y el tercero salimos de los primeros del último campo. Todo era perfecto para conseguirlo: la nieve estaba fantástica, el día fantástico. Todo estaba a nuestro favor, pero las cosas se torcieron ¡qué le vamos hacer! Han sido cosas ajenas a nosotros…

¿Cómo fue la caída del sherpa?
Cayó una primera vez y la segunda ocurrió esto. Luego estuvo bajando con nosotros, ayudándonos. No se puede achacar lo ocurrido a nadie. En la vida pasan cosas y aquí pasaron.

Rescate de Carlos Soria en el Dhaulagiri. 📷 @oswaldrp
Rescate de Carlos Soria en el Dhaulagiri. 📷 @oswaldrp

«El lugar donde caímos era una pendiente de 65º que bajaba hasta el glaciar»

¿Era un lugar de mucha pendiente donde caísteis?
Verticalísimo. Era una pendiente larguísima, de unos 65º, que bajaba hasta el glaciar. Era un punto muy malo este en el que nos arrancó de la huella y nos sacó fuera.

¿Os quedasteis sujetos a la cuerda por un jumar?
Por el jumar de cada uno. Pero, para subir, no alcanzabas el jumar… terrible. Luego hicimos un agujero -yo no podía hacer nada con la pierna- en el que poder sentarme en la ladera con la pierna estirada hacia abajo. Una situación muy mala que solucionamos muy bien. Sobre todo gracias a eso: hacer las cosas bien hechas, haber salido pronto y con fuerza. Eso nos ayudó mucho.

¿La cuerda fija debería haber estado más tensa? 
La cuerda debería haber tenido algún punto más de sujeción para no tener tanta comba como tenía. También era una zona en la que ibas con el piolet andando tranquilamente. No podías esperar que ocurriera lo que ocurrió. Pero todo no se puede tener perfecto. No se puede echar la culpa a nadie. El sherpa tampoco se quería caer, como es lógico.

«La única solución era descender como nos fuera posible, metro a metro»

Tras la caída, debió ser muy duro volver a subir al lugar por el que iba la ruta.
Yo no podía manejar la pierna derecha. Me di cuenta enseguida de que se me había partido. Sito me subió tirando de mí. Luego hizo con el sherpa un agujero para el culo. Allí aguanté una hora dudando, diciendo que no, que allí tenía que venir un helicóptero pues me era imposible dar un paso hacia abajo. Perdí esa hora. Desde abajo me decían que era la única solución, que perder un metro y luego otro era lo único que podía hacer, que allí no iba a ir nadie a buscarme, que era imposible. Al principio no me entraba en la cabeza. ¿Cómo puede ser? Hoy en día un helicóptero llega a cualquier parte. Si no, que viniera de otro país… pero ya vi que no, que la única solución era descender como nos fuera posible.

Al principio te arrastraron sobre el plumífero
Sobre el traje de plumas que llevábamos para la cumbre, con las piernas atadas y tirando con la cuerda, cuando hacía falta hacia abajo y otras veces frenándome. Cuando me desviaba y tiraban de los pies para un lado era un dolor imposible. Pero aquí estamos.

«Al principio estábamos nosotros tres»

Cuando ocurrió el accidente estabas con Sito y cinco sherpas
No. Al principio no había cinco sherpas. Estábamos nosotros tres; luego comenzó a llegar por allí gente que había salido del último campamento más tarde que nosotros. La mayoría siguieron adelante. Un par de sherpas se quedó con nosotros. Un alpinista noruego –el que ha bajado esquiando– y su novia nos han ayudado mucho. Son personas fantásticas. Subió a buscarnos, a ayudarnos para bajar. Habíamos hecho buena amistad en el campo base con él. Una persona excepcional con los esquís y fortísima. Eso es lo que nos ayudó. La gente que subía siguió hacia la cumbre, algunos hicieron cumbre y bajaron, otros no pudieron llegar a ella. 

Rescate de Carlos Soria en el Dhaulagiri. 📷 @oswaldrp
Rescate de Carlos Soria en el Dhaulagiri. 📷 @oswaldrp

«Cada tirón que daban para arrastrarme era un grito»

¿Podrían haberos ayudado en vez de subir a la cima?
No sé si podrían haber ayudado o estorbado. Lo importante era el dolor mío. Cada tirón que daban para arrastrarme era un grito, y eso con gente no se podía hacer. Y, además, la gente va muy justa para llegar y no sabían muy bien si era tan grave el asunto o no. No hay nada que se le pueda achacar a nadie en absoluto. Todo el mundo querría haberme ayudado. Eso te lo aseguro. 

Al campo 3 llegaron los alpinistas polacos con la camilla
Una camilla que era un plástico que me estorbaba mucho, que me hacía daño. Un plástico un poco duro que me abrazaba, lo apretaron fuerte… me dolía el alma, el brazo, lo que fuera… Tenía oxígeno y me lo quitaba porque me hacía daño en la nariz y en todas partes.  Porque me decía: yo no necesito oxígeno, lo que necesito es bajar, y esto ha hecho que se me haya quemado la boca por dentro. 

«Hemos tenido la suerte de que hiciera buen tiempo»

La camilla ¿tampoco te ayudó tanto?
Al principio me arrastraron sobre mi mono de plumas, hasta el campo 3. Sí que me ayudó, pues así me arrastraban sobre una cosa que escurría mejor que mi ropa. La camilla llegó el segundo día.

Ha sido tu primer rescate… a los 84 años.
Así es. Yo que siempre he presumido de que no me han rescatado nunca… pero esta vez puedo presumir de haber hecho las cosas bien, de haber salido muy temprano y así haber tenido mucho tiempo por delante cuando me pasó esto. También la suerte de que hacía muy buen tiempo. Frío pero muy buen tiempo.

Rescate de Carlos Soria en el Dhaulagiri. 📷 @oswaldrp
Rescate de Carlos Soria en el Dhaulagiri. 📷 @oswaldrp

«Me acordé de Urko Carmona cuando decidí bajar»

¿Qué te ha dicho tu médico, el doctor Manuel Leyes, de las fracturas que tienes?
Está deseando tratarme en su clínica de Madrid, que esté en sus manos. No quiere que me operen aquí, en Katmandú. El doctor Leyes hará lo posible e imposible para que quede bien.

Me acordaba de Urko Carmona cuando decidí bajar. Me dije «a la pierna que le den por culo, lo que hay que conseguir es no morirse aquí, algo que -si te descuidas- va a ser fácil».

En montaña siempre ocurren situaciones no previstas porque ninguno podíamos imaginar este accidente.
Así es. Y menos nosotros este año, con la cantidad de cosas que me habían ocurrido. Sin embargo comenzamos la ascensión, y la habríamos terminado con una fuerza como nunca. Ha sido una pena. Hubiera sido muy bonito alcanzar la cumbre, pero es lo que hay. Así es la montaña. ¡Qué le vamos hacer!

Dentro de poco estás recuperado y entrenando como siempre
No lo sé. Haremos lo que podamos, como siempre.

«Sito Carcavilla es increíble»

No quieres volver a España sin Sito.
Quiero que volvamos a Madrid los tres juntos. Aquí estoy bien, con dolor pero bien. Deseando volver a Madrid y ponerme en las manos de Manuel Leyes. Creo que Sito volará mañana desde el campo base. Hoy no ha podido ser por el mal tiempo. 

Tener un compañero como Sito Carcavilla en una situación como la que has vivido es algo único…
Es increíble. Si alguien lo sabe soy yo que llevo muchos años con él. Es increíble. Absolutamente.  Y es una pena que no hubiera estado aquí, con nosotros, Luis Miguel Soriano. Pero no era posible por presupuesto. Haber estado los tres juntos. Isidoro lo ha hecho muy bien.

«Hay veces que haces las cosas peor y salen bien y hay veces que ocurren cosas como esta»

He pedido hoy a Isidoro que me traiga una grabadora porque me apetece reflejar lo que he vivido. He tenido alucinaciones durante la bajada y me apetece contarme a mí mismo los recuerdos y pensamientos que me vienen a la cabeza.

Comentarios
1 comentario
  1. Es una pena no haberlo logrado este año por un accidente que tú no puedes controlar, parecía que este año lo conseguiría…pero hizo las cosas bien que es lo importante y así de caprichoso se ha mostrado el destino.
    Bajar de un 8000 por encima del campo 3 con una pierna rota, sintiendo un inmenso dolor, y con 84 años, y escapar con vida, debe entenderse como un tremendo subidón porque ciertamente como dice él, lo fácil sería morir….
    Grande Carlos, siempre GRANDE

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